La Medina
La Medina de Marrakech, una de las más grandes del Magreb, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1985. Se fundó por los almorávides en el siglo IX, y durante dos siglos, su expansión sigue el trazado arquitectónico de estos pobladores. De la ciudad original de la época, se conservan las murallas y los palmerales.
Más tarde, fue conquistada por los almohades, perdiendo la mayor parte de sus edificios y tuvo que ser reedificada. De ese periodo data la mezquita de Koutoubia, la ampliación de la muralla, el Palacio de El Badi y los emblemáticos Jardines de la Menara.
Una nueva ocupación, la de los
saadíes, deja su impronta en monumentos que todavía perduran como las
Tumbas Saadíes, la
Fuente de “Beber o admirar”, el
Jardín del Agdal o el
Pabellón de la Menara.
Las Murallas
Construidas en adobe, a lo largo de sus casi diecinueve kilómetros, la variación de la luz solar incide sobre ellas de manera espectacular, pasando del ocre dorado al rojo intenso para contrastar con un cielo casi siempre azul y el verde permanente de las palmeras. Esta especie de arcilla rojiza le dio a Marrakech el sobre nombre de Ciudad Roja.
Hay veintidós puertas de entrada a la medina, algunas llevan nombres de tribus, otras se denominan por actividades artesanales. Destacan las monumentales Bab Doukala, Bab Aghmat y Bab Aylen y las de arquitectura almohade Babe er Robb y Bab Agnaou, una de las más bellas entradas a la alcazaba.
Plaza Djema el Fna
Tras los bastiones de las murallas, un laberinto de calles gira en torno a la peculiar Plaza de Jemaa El-Fna, declarada «Patrimonio Oral de la Humanidad» por la Unesco. La espectacular plaza dirige hacia los zocos, constituyendo un exponente vivo de lo que fueron las plazas en el Medioevo; lugar de encuentro para todo el mundo.
Todavía hoy, como si no hubiera transcurrido el tiempo, se reúnen desde la mañana, sus característicos personajes, desde los más convencionales como vendedores de zumos naturales, cestos de mimbre, ropa, recuerdos, dulces o bisutería hasta los más variopintos como dentistas, curanderos, aguadores, encantadores de serpientes, magos, malabaristas, escritores por encargo, tocadores de crótalo, bailarines, contadores de cuentos…
Universo particularmente fascinante al atardecer, cuando cientos de luces iluminan los espectáculos deambulando por la plaza y se pierden, a medida que nos acercamos a los trepidantes zocos…
El Zoco
Uno de los zocos más grandes del Magreb y probablemente, el centro comercial más importante de Marruecos. El Zoco de Marrakech forma una amalgama de callejuelas repletas de puestos, tiendas y tenderetes de todo tipo. Desde el norte de la Plaza de Jamaa el Fna, ocupa decenas de caprichosas calles, en las que se encuentra cualquier cosa… ropa, especias, alimentos, artesanía, libros, joyas, muebles, carnicerías, reparadores de bicicletas, … El Zoco está agrupado por gremios, que a su vez conforman pequeños zocos sectorizados por profesiones: tintoreros, cesteros, ferreteros, libreros, joyeros…, en donde se dan cita los artesanos de Marrakech.
Entre los más concurridos, se encuentran el zoco Semmarin, junto a la plaza Djema el Fna, especialista en telas; el de los orfebres en El Mellah (la Judería); Rahba Kedima, en el que se puede encontrar desde ungüentos para “sanar” hasta aves y verduras para guisar. El Maazi o zoco de las pieles; Zrabia, importante mercado de alfombras; El Kebir, dedicado a la marroquinería; Alcaicerías, en donde se vende, sobre todo ropa y Smata, especializados en babuchas y cinturones.
Las Mezquitas
Más de trescientas mezquitas se alzan sobre los tejados de la medina, cuyas viviendas y demás construcciones no pueden sobrepasar las tres alturas. Aunque la mayoría de estos centros de culto no se pueden visitar por dentro, -no se permite la entrada a los no musulmanes-, resultan muy atractivas de ver por fuera.
La más importante es la de Koutoubia, con un minarete de 69 metros de altura, que constituye el edificio más alto de Marrakech, estando prohibida la construcción de edificios superiores en toda la ciudad, incluyendo el ensanche nuevo. También son representativas la mezquita de la Kasbah (alcazaba) y la de Ben Youssef, anexionada a la antigua universidad de la Medersa.
“La Mezquita de La Koutoubia” o de los libreros, -el zoco de los libreros instalaba sus puestos junto a sus puertas-, es el símbolo cultural que representa Marrakech en el mundo. Su minarete puede verse desde gran parte de la ciudad, sirviendo de guía y conserva todavía una banda de azulejos verdes de su ornamentación original. La silueta de la Koutoubia.
Resulta, especialmente familiar para los españoles, ya que sirvió de modelo para la construcción de la torre de La Giralda.
La Medersa Ben Youssef
Uno de los monumentos más significativos de Marrakech. El campus de esta antigua universidad, construido en el siglo XIV, fue reconstruido en los siglos XVI y XIX, agregando más dormitorios, lo que le convirtió en una de las universidades más grandes de teología del Corán en el Magreb. Sus edificios están realizados en madera de cedro con estuco y azulejos de colores. La Sala de Oraciones está decorada con piñas y palmeras, y en el centro de la construcción, se encuentra un gran Patio de abluciones -ritual de purificación a través del agua-, que dispone de una gran alberca central.
La Medersa anexionó la Mezquita de Ben Youssef, que data de la época de los almorávides, habiendo sido reconstruida en varias ocasiones.
En la actualidad, son casi un millar de estudiantes los que acuden a sus aulas, siendo referente para los estudios de teología islámica en el sur de Marruecos.
La Fuente Chrob o Chouf (Beber o admirar)
Próxima a la Mezquita Ben Youssef, en el centro de la Medina, se halla esta magnífica fuente de la época de los saadíes. La caligrafía tallada en madera es andaluza. La Fuente invita al viandante a “beber o admirar”, porque es eso lo que significa su nombre “Chrob ou Chouf”. Este monumento saadí está considerado Patrimonio Cultural Mundial por la UNESCO, desde 1985.
Los Palacios
En la actualidad, existen tres antiguos palacios que se pueden visitar en la medina, el Palacio Bahía, el Palacio El Badi y el Palacio Dar Si Saïd, que alberga un museo de arte marroquí. También se encuentra el Palacio Real (Dar El Makhzen), residencia oficial del rey Hassan II cuando se hospeda en Marrakech, cerrado al público, en el que destacan, sobre todo, sus majestuosas puertas talladas en oro.
El Palacio Bahia, conocido también por el sobre nombre del “brillante”, fue construido a finales del siglo XIX como residencia para Ba Ahmed, Chamberlain del Sultán Alaouite Moulay el-Hassan, que tenía cuatro esposas y veinticuatro concubinas. Esta obra, cuya construcción duró casi 10 años, se llevó a cabo sobre 8 hectáreas de superficie, albergando unas 150 habitaciones con patio, jardines interiores, fuentes y piscinas, que conformaban un auténtico laberinto.
El Badi data del siglo XVI y fue construido para conmemorar la derrota de los portugueses en Wed al Makhazín (la Batalla de los Tres Reyes), marcando el fin de las incursiones lusas por conquistar Marruecos. El Palacio Badi se bautizó con el sobre nombre del “incomparable”-, por su realización en mármol con estucos labrados y madera esculpida. Cuentan los cronistas de la época, que disponía de más de 300 habitaciones, decoradas con oro, turquesas y cristal. Hoy, sólo quedan sus ruinas, en cuyo recinto se celebra el Festival Folklórico de Marrakech.
Dar Si Saïd, es el antiguo y suntuoso palacio del siglo XIX, que alberga una colección de objetos de arte y artesanía tradicional del sur de Marruecos y también una interesante exposición de fotografías antiguas de Marrakech.
Las Tumbas de los Saadíes
Seguramente, uno de los monumentos más visitados de Marrakech, fue descubierto a principios del siglo XX, durante el protectorado francés, y restaurado por el Servicio de Bellas Artes y Monumentos Históricos.
Las tumbas saadíes datan de los siglos XVI y XVII, en el periodo del sultán Moulay Ahmed Saadi, también llamado El Mansour (el victorioso) y enterrado en esta necrópolis. Cuando accedió al poder el sultán alauí Moulay Ismail, no quiso que quedara resto de la magnificencia de la dinastía saadí y mandó destruir todos sus vestigios, aunque no se atrevió con un acto sacrílego como la destrucción de los mausoleos reales, por lo que ocultó el monumento rodeándolo con un alto recinto. Sin embargo, un siglo más tarde, un avistamiento aéreo reveló su existencia.
La construcción, de forma cuadrada, consta de dos mausoleos, el más suntuoso, cobija -en una sala con cúpula de madera de cedro dorado, sostenida por doce columnas de mármol de Carrara- los restos de seis miembros de la Dinastía Saadí, entre los que se encuentran el sultán Mulay Ahmed el Mansour y su familia. La leyenda cuenta, que el mármol se obtenía intercambiándolo por su peso en azúcar.